Ser mujer y tener un problema de salud mental no es solo convivir con el malestar psicológico. Para muchas, supone enfrentarse a una doble discriminación que atraviesa todos los ámbitos de la vida: la violencia, la pobreza, la falta de autonomía y la vulneración de derechos básicos.
Así lo recoge el Estudio GEA, una investigación impulsada por Salud Mental España y financiada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, que pone cifras y palabras a una realidad frecuentemente invisibilizada: el 40 % de las mujeres con problemas de salud mental ha sufrido violencia física o psicológica por parte de su entorno cercano.
Violencias que se encadenan
La investigación revela una fuerte relación entre las experiencias de violencia —muchas de ellas desde la infancia— y los problemas de salud mental en la edad adulta. Violencias machistas, abusos sexuales, control, deslegitimación de la palabra de las mujeres o patologización de su sufrimiento forman parte de un entramado que no solo daña la salud mental, sino que condiciona proyectos de vida enteros.
A esta realidad se suma la violencia institucional. Muchas mujeres denuncian diagnósticos impuestos desde miradas patriarcales que invisibilizan las situaciones de violencia vividas, lo que deriva en sobremedicación, tratamientos inadecuados o ingresos involuntarios. El estudio señala que el 91 % de las y los profesionales ha observado actitudes paternalistas hacia mujeres con problemas de salud mental, lo que limita su autonomía y su derecho a decidir sobre su propio proceso de recuperación.
Pobreza, vivienda y falta de autonomía
La feminización de la pobreza agrava aún más esta situación. El 84 % de las mujeres encuestadas se ha visto obligada a cambiar de vivienda en los últimos años por no poder afrontar el alquiler o la hipoteca. Las dificultades de acceso al empleo, la falta de recursos sociolaborales adaptados y las cargas de cuidados siguen siendo barreras estructurales que afectan directamente a su salud mental y a su independencia económica.
Un cambio de mirada urgente
El Estudio GEA reclama un cambio de paradigma: una atención en salud mental que incorpore de forma real la perspectiva de género y la interseccionalidad, que escuche las historias de vida y que deje de individualizar un sufrimiento que tiene raíces sociales, estructurales y políticas.
Hablar de mujer y salud mental es hablar de derechos humanos; de dignidad, de autonomía y de la necesidad de construir sistemas de apoyo que acompañen sin juzgar, que cuiden sin controlar y que reconozcan a las mujeres como sujetas activas de sus propios procesos.

